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Maria T. P.

2021-04-12

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A TI, VERA

Cuando me preguntan «¿cómo estás?», también pienso en ti. Quizás no de una forma directa, pero indirectamente sí, ya que es una pregunta muy difícil de responder y que, sin tu ayuda, no habría podido encontrar las palabras para contestarla. Y es que qué difícil es hacer frente a muchas de las cosas que nos pasan y nos impactan. He tenido suerte de poder encontrar a alguien que me ha acompañado con una mirada comprensiva, cercana, cuidadosa y con la sinceridad siempre presente.

Creo que ha sido un acompañamiento que siempre me ha permitido ir descubriéndome a mí misma mientras tú me ayudabas desde tu posición profesional y personal, la posición oportuna en cada momento.

Cuando te conocí estaba perdida. Recibí una mirada de «no estás sola» y fue ahí cuando empecé a hablar y a tirar del hilo, acabando así hablando de todo lo que había detrás de muchas de las cosas que me pasaban, las que realmente me hacían daño.

Me has ayudado a encontrarme, a entenderme y a mostrarme sin miedo. A ser honesta conmigo misma y a buscar y utilizar esas «herramientas» que siempre he tenido para poder afrontar todo lo que venga.

Aceptarse no es nada fácil, pero con paciencia y constancia, de una manera sana y segura, lo he conseguido.

Tengo que decirte que me ha gustado mucho el proceso y que ahora me gusta saber cómo soy, muy feliz (entre otras cosas), gracias. Ahora sé cuidarme y, así, también cuidar a los demás.

Hoy puedo decir que todavía hay aspectos que no sé afrontar y que eso también me gusta, que a veces me pierdo mucho y tengo miedo de no ser aceptada, que tengo días inseguros, días más tristes y decisiones que me hacen estar ansiosa. «La meta es el camino, María», me dijiste. Y sí, lo es, y no estoy sola. Yo decido con quién compartir, cuándo y cómo quiero pedir ayuda si la necesito. Y lo más importante, sé que siempre puedo contar contigo (teniendo presente que tengo la «voz de Vera dentro»).

Puedo definirte igual que tú lo hiciste conmigo: única y especial (¡qué paradoja más «chuli»!) y creo que me has enseñado a ser así. A encontrar a esa persona espontánea y feliz que siempre estuvo ahí, pero que yo no veía. A saber expresarme, a saber quererme a mí misma para así poder hacerlo con los demás.

Gracias, Vera. ¡Qué suerte haber coincidido en la vida!